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Enf. Anest. Vol.5 Nº 1 2020
Enfermeras al cuidado del paciente con dolor (Manifiesto ASEEDAR-TD 12 de mayo de 2020)

Enferm. anest.-reanim. ter. dolor (Internet) Vol.5 nº1 2020 / ISSN: 2529-9670

Autoras: Ballesteros Barrado, A.1 ; Gómez Gamboa, E.2

1. Enfermera de Reanimación y unidad del dolor agudo del Hospital Son Llàtzer de Palma de Mallorca. Profesora asociada de la Universidad de las Islas Baleares (UIB). Secretaria Aseedar-td. Representante de la federación internacional de enfermeras anestesistas (IFNA). Grupo de investigación en Cuidados, cronicidad y evidencias en salut – CurES (IdisBa.

2. Hospital Sant Joan de Déu. Vocal de enfermería pediátrica COIB.  Presidenta de La Asociación Catalana de enfermería pediátrica (ACIP)).

Contacto: info@aseedar-td.org

 

En el paciente adulto.

En España, unos 6,1 millones de personas sufren dolor, es decir el 17,25% de la población adulta, de ellos un 6.95% refiere dolor a diario, o lo que es lo mismo 2,3 millones de personas, según reporte de “National Health and Wellness Survey 2010”.

El papel de la enfermera como prestador de cuidados, y su capacidad crítica respecto a este fenómeno, le confiere un posicionamiento importante tanto en la valoración como en la gestión de dicho dolor.

La naturaleza de la profesión de la enfermera se basa, en la relación que se establece entre enfermera-paciente, es decir; el determinante clave de esta profesión, es la relación en sí misma, por ello, la empatía es condición indispensable, aceptando al usuario de forma incondicional a través de la autenticidad.

El dolor, es un constructo por sí mismo, que acompaña a la persona desde el momento del nacimiento. Según señalaba Bonica ya en 1990, no entiende de etnias o civilizaciones. Es común a toda la humanidad.

La característica más definitoria del vínculo de confianza entre enfermera-paciente es que es totalmente individualizado y centrado en ese momento y con ese paciente.

Las enfermeras, ocupan un lugar único en el manejo del dolor, ya que lo evalúan, monitorean e inician acciones para su control ya sea desde las unidades de dolor, unidades de hospitalización o desde atención primaria.

Los cuidados centrados en el paciente con dolor tienen reconocidos efectos terapéuticos: incluyen confianza, comunicación, comprensión, empatía y fomento del autocuidado.

Para un manejo eficaz del dolor, las intervenciones terapéuticas se deben basar en la continua relación de colaboración entre pacientes y proveedores de cuidados. Lo cual comprende un enfoque interdisciplinar y multidisciplinar para desarrollar una visión holística del problema.

Entre las acciones de las enfermeras, pueden identificarse las siguientes:

·       Intervenciones de funciones propias, como son acciones encaminadas a la educación del desarrollo del autocuidado por parte del paciente, actividades dirigidas al apoyo emocional tanto del paciente como de su entorno familiar o la aplicación de cuidados para minimizar los daños provocados por el dolor, dotando al paciente de suficientes mecanismos para auto-gestionar la minimización del proceso doloroso o evitar la exacerbación del mismo. 

·       Aquellas generadas de funciones derivadas, como es la administración de medicación prescrita.

·       Funciones interdependientes con el resto del equipo de salud, para la consecución de metas realistas, que permitan tanto al paciente afecto de dolor, como al equipo, el desarrollo de líneas de actuación efectivas y seguras.

En definitiva, todas las intervenciones enfermeras van encaminadas a mejorar la calidad de vida de los pacientes con dolor.

 

En el paciente pediátrico

La International Association for the Study of Pain (IASP) estima que el dolor crónico pediátrico afecta al 20-35% a nivel mundial. Se reconoce por parte de los profesionales de la salud que a nivel global el dolor está infravalorado.

Las enfermeras pediátricas prestan una atención especial al dolor crónico y en concreto en el modo de tratarlo, para que sea más eficiente. En la actualidad se cuenta con metodologías innovadoras centradas en el niño-adolescente y familia que permiten dar respuestas más afines a sus necesidades.

Se propone abordar siguiendo diversas etapas:

·       Una primera etapa, en la que cobra especial relevancia la relación empática, conocer bien como se sienten, entender el entorno y tener especial sensibilidad en indagar como se desarrolla el proceso.

·       A partir de este momento y con toda la información se plantea y define un reto, un objetivo que ayude a conseguir el propósito que se trabaje de un modo individual y colectivo en el que se generen ideas que surjan tanto teniendo en cuenta la emoción y experiencia vital, en el que se nos de permiso para pensar y tener un espacio donde co-crear con un grupo homogéneo, en el que surjan prototipos de cuidado realizados por los propios sujetos de cuidado.

 

Integrando nuevas metodologías y canales

Atendiendo a este enfoque se incorporan a su vez elementos provistos de cuidado emocional y de interacción social. Estamos inmersos en la era de la tecnología en la que la conexión con un mundo artificial puede facilitar la adherencia a los tratamientos y la motivación a la consecución de objetivos marcados.

Las enfermeras han de realizar actividades afines a las necesidades de las personas que se cuidan, aportando curas individualizadas en las que se incorporen elementos claves como el juego, gamificación, tecnología e integrando estrategias no farmacológicas, en los que los sentidos y emociones cobren especial relevancia y puedan complementar a los tratamientos farmacológicos, convencionales.

La incorporación de las nuevas metodologías conjugadas con la educación sanitaria, serán vehículos que faciliten los cuidados. Nuestra meta será conseguir un autocuidado y empoderamiento que promueva la salud y aporte mejor calidad de vida.

Se crearán canales y se utilizarán las herramientas adecuadas para evaluar tanto el dolor como otras variables que sean importantes. Así mismo se centrará la atención en mantener un feedback, una evaluación con relación a la satisfacción desde la visión, perspectiva más cualitativa de la persona que cierre el ciclo de la mejora continua.

Y si queremos aportar un valor añadido, siempre se implementarán, instrumentos que generen reconocimiento, recompensas, para prestar mejor fidelización, adherencia y permitir, alcanzar unos mejores resultados de satisfacción.

De todo lo expuesto, se podría concluir que las competencias de las enfermeras en la gestión del dolor son amplias y variadas, reconocidas tanto por pacientes como por el resto del equipo de salud, sin esta aportación que hacemos las enfermeras, el paciente vería minimizada la consecución de la única meta importante: elevar la calidad de vida del sujeto con dolor, para conseguir preservar la actividad social, laboral y familiar en el contexto vivir